Todavía recuerdo con claridad que ese día era una tarde tranquila, la dorada luz del sol penetraba en el techo de tejas, brillando en el pequeño baño donde mi tía preparaba agua caliente para mis dos tías y mis nietos. Vestía una camisa delgada, casi transparente al absorber agua, lo que la avergonzaba pero no se atrevía a quitarle los ojos de encima. La tía sonrió levemente: "Ven aquí, déjame bañar a tu buen bebé".
El agua que se derramaba sobre mi carne me hacía temblar, pero lo que no podía olvidar era que el cuerpo ardiente de mi tía me hacía incontrolable y lo hizo...